Razonamiento luego de la verdad

"No sé nada de correr, no sé nada de ascender, de esta mierda de arco iris, de cigarro, de después, no sé. Si la vida pasa en cueros castigado a la pared.
No sé nada de aguantar, no sé nada a achuchar, de ponerme de rodillas, de llorar para mamar, no sé. En cuanto acaben los tiros, garabatos al papel.
Que si me quedo con los dientes relucientes y embarrao el corazón, tu tic tac y el mío son el mismo, son... y eso sí que ¡no!..."


Despierto pensando, no sé como ponerme de pie, recuerdo en mi mente perturbaciones, luego descanso con la mirada fija en el televisor. Recuerdo que te miraba y no me cansaba de hacerlo, parado como idiota sin poder moverme, alucinado de pensarte, cansado de quedarme, pero me quedaba y eso cambiaba todo. Lloras desconsolada y no me quiero morir, pienso despacio dejando entrar a la confusión, "¡Sin ella no hay vida!"

Caigo sin detención, atraído como a algo inexplicable y te tardas en llegar, me suda la cabeza, se me lloran las lágrimas y no paro de pensar. Me invade el miedo, el susto en su plan de escondido en la lumbre, la tardía llegada del amanecer y tu mirada desenfrenada, tú, mirada palideciente, abstraída de mi mundo concentrado de fantasma.

Me levanto de mi rincón, despierto de mi sensación y te tiro para no volverte a ver y tu retrato en mi espejo reflejado me dice que no soy yo. Te ama pero te quiere perder sin saber reconocer que le ha tocado ceder. ¿Compartir? No está en sus planes el quererte decir, no se atreve, no le toca enervarse.

Me acerco a tu ventana, despacio y sin guitarra, me turba tu llamada -sientes caer sin poder vencer el miedo al que contemplas, a la mierda de esta vida que no siente, que te quiere pero no te merece.- ¡Oh! fatalidad que me abandonas, hola iniquidad que no te apiadas, y es que a mí no me gusta la muerte y tiemblo desesperado en sólo pensarla. Y es que a mí no me gusta la muerte, pero me gusta matar y sentir placer. ¡Oh, divinidad! escalado en mi depresión, congestionado de tanto amor que pude dar y no lo haré por no aguantar morir. Desubicado sin poder perpetuar y me congelas... el ruido a mi rededor, pensando sin tener que herirte otra vez.

No te traigo flores y es que no me alcanza el dinero, que si lo hago hoy me muero.

Ya no te recuerdo, descansa en paz mi ingenuidad y se quiere viciar, la espalda que le acaricia a la tempestad continua de mal, el sentido sin sentir de tu truculencia.

Desenfreno mi sentimentalismo, sales y me recibes como tú, me echo para atrás sin poder sentir mi rededor, caigo al piso, me levanto aturdido, no sé en que pensar, todo es tan confuso, ayúdame por favor, no quiero, no quiero, no quiero... te lo juro que no quiero. - casi llorando -

Despierto otra vez. ¿En dónde estoy? se siente absorbente, satisfacción...
¡Sí! Seguro he de morir... No quiero sentir... Tiempo ¿Por qué te haces largo?... Escandaloso es allá afuera, es tormentoso, desequilibrado, es maldad... ¡No!, por favor, ¡No!... Decepción una vez más.

Regreso a mi momento, abro las ventanas y empieza a esclarecer, las filtraciones no ordinarias a mi vista empiezan revelarse sin remedio, he actuado muy tarde.
Cesó de llover, pero la tormenta aún no termina, he de empezar hoy mi vida.

-Que tal, ahora bajo.

Una vez más confundido con los ojos rojos de tanto llorar, sin admitir la noche en vela, apasionado con la tristeza, no la amo, pero me he acostumbrado a ella y no sé vivir sin eso, he aquí mi historia de búsqueda de la felicidad, sin poder acabar, aherrojándome a la tierra prometida, no es que no quiera ver que no existe, no es verdad, pero crecí convenciéndome que soy del infierno -¡extrema curiosidad!-. Me he acostumbrado a esto que busco escapar y eso no se puede hacer...
Hoy no toca morir, hoy toca vivir, con lo que eso podría conllevar ¿disfrute o infelicidad?

Me levanto una vez, el miedo lo he llegado a vencer, apago el televisor, enciendo el cigarro de hoy y luego te recuerdo, no eres necesaria, pero me eres indispensable.

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