Campañaz - Terminantes de amor
Ha pasado el tiempo, la simple ineptitud acumulada de los sentimientos ya no se pueden hacer a un lado, el estrés que se va incrementando origina la necesidad de algunos vicios para poder "escapar" un poco de lo agobiante que es la vida. Yo, sentado en aquella silla donde muchas veces posaban para algunas fotos hace mucho tiempo cuando este lugar todavía tenía vida propia, meditaba sobre mis posibilidades, pasaron 30 minutos, el crujido en mi estómago me hizo volver en sí.
- Ya vas dos semanas así, ¿que no piensas cambiar en algo tu actitud?- Me senté, hice un gesto de mal humor y empecé.
- La vida es una tontería, nunca te lo he querido decir, paso el tiempo tratando de entender mi razón y la de los demás, pero es absurdo. ¿Seguir, para qué? Mi única relación con todo esto es mi rutina. Sólo déjame, no busco ser trascendental ni nada por el estilo, sólo quiero ser feliz mientras pueda serlo...
- Mientras no nos jodas dirás- me interrumpió el momento de creatividad y me ofusqué más de lo debido. Me incorporé y me retiré. Balbuceó algunas frases, pero no le di importancia.
Salí apresurado, quizá y debemos intentarlo, no hay oportunidad más que las que uno mismo se las crea, así que corrí para poder hacerle el encuentro. Al llegar mi cara se puso pálida y poco a poco el agrio sinsabor se fue presentando, la cara se enrojeció y mis ojos se empezaron a distorsiona por el líquido que emitía y que no me dejaba asimilar lo que acontecía.
Se había ido, no había nada más por hacer. Me senté en la única silla que quedaba y intenté llorar, pero no pude. Asome mi cara hacia la ventana, el cielo era gris y de lo más deprimente. Decidí irme, sin esperanza alguna avance hacia el pasillo que daba a la puerta y para mi sorpresa encontré una carta ubicada bajo la puerta, escondida en el rincón.
Las perdidas son inevitables, ahora sé que tratando de no herir a nadie, logré hacerle daño a la persona que más me importaba y la dejé ir, muy tarde me di cuenta de mi error. Ahora nada es posible hacer, se ha ido y la ingrata muerte es el mejor obstáculo que se pudo poner entre nosotros. Recuerdo haberle dicho "Me has dicho que nuestro amor es imposible, pero yo haré lo necesario para que la palabra imposible deje de existir."
Ahora no puedo evitar dejar caer una lágrima por recordar esto. "Para ganar, algo de igual valor debe perderse", debí perderla a ella para poder comprender todo esto, si no hubiese sido de esa forma quizá y hubiese insistido en mi egocéntrica actitud.
Estoy mejor, lo admito, pero creo que sería mejor si ella estuviese ahora conmigo, viéndome cambiar.
- Ya vas dos semanas así, ¿que no piensas cambiar en algo tu actitud?- Me senté, hice un gesto de mal humor y empecé.
- La vida es una tontería, nunca te lo he querido decir, paso el tiempo tratando de entender mi razón y la de los demás, pero es absurdo. ¿Seguir, para qué? Mi única relación con todo esto es mi rutina. Sólo déjame, no busco ser trascendental ni nada por el estilo, sólo quiero ser feliz mientras pueda serlo...
- Mientras no nos jodas dirás- me interrumpió el momento de creatividad y me ofusqué más de lo debido. Me incorporé y me retiré. Balbuceó algunas frases, pero no le di importancia.
Salí apresurado, quizá y debemos intentarlo, no hay oportunidad más que las que uno mismo se las crea, así que corrí para poder hacerle el encuentro. Al llegar mi cara se puso pálida y poco a poco el agrio sinsabor se fue presentando, la cara se enrojeció y mis ojos se empezaron a distorsiona por el líquido que emitía y que no me dejaba asimilar lo que acontecía.
Se había ido, no había nada más por hacer. Me senté en la única silla que quedaba y intenté llorar, pero no pude. Asome mi cara hacia la ventana, el cielo era gris y de lo más deprimente. Decidí irme, sin esperanza alguna avance hacia el pasillo que daba a la puerta y para mi sorpresa encontré una carta ubicada bajo la puerta, escondida en el rincón.
Las perdidas son inevitables, ahora sé que tratando de no herir a nadie, logré hacerle daño a la persona que más me importaba y la dejé ir, muy tarde me di cuenta de mi error. Ahora nada es posible hacer, se ha ido y la ingrata muerte es el mejor obstáculo que se pudo poner entre nosotros. Recuerdo haberle dicho "Me has dicho que nuestro amor es imposible, pero yo haré lo necesario para que la palabra imposible deje de existir."
Ahora no puedo evitar dejar caer una lágrima por recordar esto. "Para ganar, algo de igual valor debe perderse", debí perderla a ella para poder comprender todo esto, si no hubiese sido de esa forma quizá y hubiese insistido en mi egocéntrica actitud.
Estoy mejor, lo admito, pero creo que sería mejor si ella estuviese ahora conmigo, viéndome cambiar.