Campañaz - Hora de Morir
Superficial, las necesidades de cada uno de nosotros nos conlleva a la separación, son pocos los que se preocupan por la amistad, ese no es mi punto ahora.
Llegas deprisa sin querer creerlo, miles de ideas, miles de cosas que podrías adaptar bien para tu gran escena. Tu mirada impaciente por ver el rostro de impresión de tu madre; nunca quisiste que exagerase en su expresión facial, ni que eso fuese lo último que pudieses ver de ella, nunca habías pensando en las actitudes anteriores a eso y ahora no era ni relevante, pero luego, quizá cuando lo termines, lo será.
Cansada, entrastes con tus respiraciones agitadas te diste cuenta que algo andaba mal, las cosas estaban desordenadas, fuiste corriendo hacia la cocina; si hubieses sabido eso nunca hubieses pretendido ir hacia allá aunque ella todavía hubiese estado viva y podrías haberla ayudado, te hubieses hecho de la vista gorda seguramente, diste el grito al cielo, luego miraste con asco, miedo y dolor, te acercaste unos pasos con las manos temblorosas y abiertas, luego te desmayaste.
Habías... Bueno ¡ya para qué!, si ya no es así, si no podrás arreglarlo nunca más, entonces ¡ya para qué!.
No se trata de fuerza, se trata de no haber cometido el error. Tú, ingenua como siempre, pretendido ocultar tu debilidad en esa máscara fría de actitud irresponsable que llamas "adolescencia". Pero ya no más, ¡ya para qué!
Él volteó con sorpresa, ella estaba desesperada sangrando en el piso, te miraba con miedo, parecía decirte que actúes o que huyas de ahí si es que no lo ibas a hacer. Tú habías cogido el revolver de tu padre que estaba muerto en el piso de la sala, estaba dentro de su casaca; él no había podido sacarla para defenderse porque el chico lo agarró desprevenido botándolo al piso mientras lo apuñalaba una y otra vez, pero tú, tú si tenías oportunidad.
Te percataste de los gritos de tu madre en la cocina, con el arma en la mano, fuiste corriendo hacia ella y luego gritaste "¡Suéltala!", él te miró sorprendido y asustado. Siempre te dijeron que era un mal muchacho, pero tú nunca quisiste entenderlo, le diste la llave de tu casa para que recogiese unos cuadernos que te habías olvidado, nunca pensaste en que esto podría suceder, siempre pensaste que era una de sus estúpidas fanfarronadas, ahora no era así.
Soltaste el arma, te acercaste poco a poco, el se incorporó y con un golpe te desmayó...
¿Ahora muerta haces algo?... Y pensasteno llorar, insensible e ingrata mujer, no lloraste por tu padre muerto, no pudiste siquiera defender a tu madre en peligro y en tu egoísmo moriste sin siquiera hacerte cargo de ellos, dejaste un cargo más para tu, ahora, pobre inválida madre.
No me importan los malos elementos ya, aunque siempre lo haya entendido nunca quise aceptarlo como real y me daba nuevas oportunidades de creer. Siento la emoción de un niño que viaja por primera vez en avión. Creo en la oportunidad y creo también en esta calle que poco a poco ha ido progresando en unión.
Caen las gotas de lluvia, la oscuridad empieza a invadirnos una vez más. Los pocos segundos que dura son de felicidad y eso lo he sabido comprender muy bien. Gracias por todo, tuvimos momentos buenos.
Esta vez ya no quisiera poder el tiempo cambiar.
Llegas deprisa sin querer creerlo, miles de ideas, miles de cosas que podrías adaptar bien para tu gran escena. Tu mirada impaciente por ver el rostro de impresión de tu madre; nunca quisiste que exagerase en su expresión facial, ni que eso fuese lo último que pudieses ver de ella, nunca habías pensando en las actitudes anteriores a eso y ahora no era ni relevante, pero luego, quizá cuando lo termines, lo será.
Cansada, entrastes con tus respiraciones agitadas te diste cuenta que algo andaba mal, las cosas estaban desordenadas, fuiste corriendo hacia la cocina; si hubieses sabido eso nunca hubieses pretendido ir hacia allá aunque ella todavía hubiese estado viva y podrías haberla ayudado, te hubieses hecho de la vista gorda seguramente, diste el grito al cielo, luego miraste con asco, miedo y dolor, te acercaste unos pasos con las manos temblorosas y abiertas, luego te desmayaste.
Habías... Bueno ¡ya para qué!, si ya no es así, si no podrás arreglarlo nunca más, entonces ¡ya para qué!.
No se trata de fuerza, se trata de no haber cometido el error. Tú, ingenua como siempre, pretendido ocultar tu debilidad en esa máscara fría de actitud irresponsable que llamas "adolescencia". Pero ya no más, ¡ya para qué!
Él volteó con sorpresa, ella estaba desesperada sangrando en el piso, te miraba con miedo, parecía decirte que actúes o que huyas de ahí si es que no lo ibas a hacer. Tú habías cogido el revolver de tu padre que estaba muerto en el piso de la sala, estaba dentro de su casaca; él no había podido sacarla para defenderse porque el chico lo agarró desprevenido botándolo al piso mientras lo apuñalaba una y otra vez, pero tú, tú si tenías oportunidad.
Te percataste de los gritos de tu madre en la cocina, con el arma en la mano, fuiste corriendo hacia ella y luego gritaste "¡Suéltala!", él te miró sorprendido y asustado. Siempre te dijeron que era un mal muchacho, pero tú nunca quisiste entenderlo, le diste la llave de tu casa para que recogiese unos cuadernos que te habías olvidado, nunca pensaste en que esto podría suceder, siempre pensaste que era una de sus estúpidas fanfarronadas, ahora no era así.
Soltaste el arma, te acercaste poco a poco, el se incorporó y con un golpe te desmayó...
¿Ahora muerta haces algo?... Y pensasteno llorar, insensible e ingrata mujer, no lloraste por tu padre muerto, no pudiste siquiera defender a tu madre en peligro y en tu egoísmo moriste sin siquiera hacerte cargo de ellos, dejaste un cargo más para tu, ahora, pobre inválida madre.
No me importan los malos elementos ya, aunque siempre lo haya entendido nunca quise aceptarlo como real y me daba nuevas oportunidades de creer. Siento la emoción de un niño que viaja por primera vez en avión. Creo en la oportunidad y creo también en esta calle que poco a poco ha ido progresando en unión.
Caen las gotas de lluvia, la oscuridad empieza a invadirnos una vez más. Los pocos segundos que dura son de felicidad y eso lo he sabido comprender muy bien. Gracias por todo, tuvimos momentos buenos.
Esta vez ya no quisiera poder el tiempo cambiar.