La vida sin Luna - La vida por ti.

"Inutilidad" Decía y calmado iba con el paso lento, lo más lento posible, llegó hasta el umbral de aquel agobiante salón. Tocó la puerta, sintió que el silencio ahí adentro se hizo perpetuo y su cuerpo se estremeció, comenzó a temblar y retrocedió hacia el balcón.

Sintió que unos pasos se acercaban detrás de la puerta, luego vio un rostro asomarse por la ventanilla.

Con gesto de sorpresa abrió la puerta aquella mujer vestida de negro, aquella princesa extraña de lo eterno, de ese sentimiento que se manifiesta en el amor. Se quedaron un buen rato mirándose, pudieron haberse quedado así todo el día si no hubiese sido por el silbido de amor que hizo uno de los integrantes del grupo que se reunía en el interior.

Ella se sonrojó, debía de hacerlo, su rostro hizo juego con su extensa cabellera pelirroja y sus ojos empezaron poco a poco a llenarse de emociones. Él por su parte la vio con nostalgia, avanzó hacia ella y le dijo con una voz ronca y llena de dolor.

- He cumplido mi promesa y después de tanto reflexionar llegué a la única solución posible.- su voz estalló en un gemido, sus ojos se le empezaron a llenar de lágrimas, ella por su parte ya había predecido esto y temía enfrentarse a esta espantosa realidad. Lo contempló con súbita tristeza en la cara y echóse a llorar mientras el hacía un incontrolable esfuerzo por no abrazarla y darle un beso, que en este momento sería lo más sublime y hermoso, pero no indicado.
- Estoy mejor sólo, no podemos seguir. Nunca hubiese querido ser yo el que tomase esta decisión, pero no quiero sufrir más. ¡Estoy cansado!...

Ella lo detuvo con un gesto mientras salía de aquella habitación, cerró la puerta y llorando le dio la seña a que continuase. Adentro todos estaban sorprendidos por la escena repentina, se quedaron callados suponiendo que no era momento de bullicio o de comentarios absurdos sobre lo sucedido.

- Está perdido, no hay forma de que esto pueda arreglarse. Te he dado muchas oportunidades y cada una las has dejado pasar. Eres egoísta nunca piensas en mí y en cómo me afecta tu actitud.
- Esto no se trata sólo de ti...
- ¡Claro!- se calmó un poco y prosiguió - Se trata de los dos, pero tú no lo quieres entender. Yo te he comprendido y e intentado seguir, pero no puedo más. Lo siento, no logras entender lo que es esta relación...
-Pero yo te amo- interrumpió ella.
-Y eso no es suficiente aún, amar no lo es todo, necesitaste mucho más por hacer, te faltó mucho - y su voz perdía fuerzas hasta llegar a callarlo por completo- mucho, mucho.
Un silencio los inundó, después de un rato él dijo.
- Hasta aquí llegó, no quiero ver que lo nuestro termina en odio o rencor, no quiero ver como nos mata la dejades y el desamor. Adiós.

Y se marchó. Ella se quedó observándolo mientras se alejaba y sin fuerzas no pudo hacer más que llorar en silencio. Todo era cierto y esta discusión se hubiese extendido a más, pero el la amaba y no quería hacerla sentir triste o incomoda, no quería echarle todo en cara; fue su culpa pero él no quería entrar en esos detalles dolorosos para ambos y sólo se marchó.


Despertó, todo parecía real. Las lágrimas, la conversación, los sentimientos aflorados en todo ese lapso, parecía tan real que se puso a llorar. Exclamó al cielo pidiendo una respuesta, se quedó las 3 horas siguientes sentado en su cama pensando sobre eso y luego se dio una ducha, se alistó y se fue. El día entero se quedo callado, melancólico y pensativo, todo lo que había soñado le afectó demasiado. A la noche, llegó a su habitación y se tiró en la cama. Con la luz encendida se quedó dormido hasta el día siguiente.

Pasaron dos semanas, las cuales las disfrutó al máximo, hizo un nuevo amigo y todo parecía ir bien. Llegó a su habitación y luego...


Ya va a ser un años desde que él se suicidó, no entiendo muy bien que es lo que pasó por su cabeza al momento de tomar esa fatal decisión, quisiera entenderlo un poco y llego a mi hilo de unión.

Él nunca había estado con aquella chica, una vez me lo confesó mientras yo le revelaba cosas que me pasaban con las relaciones amorosas. "Somos parecidos, pero tú debes de vencer ese miedo antes que sea demasiado tarde" me dijo y yo le respondí con una sonrisa dibujada en la cara.

Creo que el haber soñado eso le afecto demasiado, nunca pudo estar con ella y ahora mucho menos. No fue cuestión de no poder hablar o no poder declarársele, aunque eso pareció en un principio. Tiempo después, cuando iba al cementerio y me encontré con uno de sus familiares me di cuenta.

Ella caminaba por la calle después de salir de casa de una amiga, era de noche.
Alguien, un degenerado, la persiguió e intentó abusar de ella, ¡la mató! y luego cumplió con sus deseos.


Él no se puso a pensar que quizá eso hubiese pasado de igual manera, pero creo que le hubiese alegrado de que ella supiese que la amaba mucho, tanto que podría haberse muerto por ella.
Y fue así...

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