Campañaz - La necesidad de no querer olvidar - Parte II
LE ENVIARON UNA CARTA
Entre tanta oscuridad, dime pasillo incierto, dime oscuridad que poco a poco la luz ha de llegar sin remedio vas a desaparecer, pero que entre esta sangre, ¿Por qué a mí? y me contradigo con pregunta, si esto es lo que yo más quise, pero quizá sea la vana idea de una complicada esperanza que por tan ingenua se convertirá en mi final. ¿Acaso sólo estoy siendo conducido con engaños para poder morir en paz?
Que miedo se siente, mientras el frío te congeló, los recuerdos empiezan a borrarse, sólo algo en mi mente queda en claro, el poder darme un oportunidad. Me seduce poco a poco, me hace entrar en trance y logro distinguir a aquel caballero con el arma en la mano que me conducirá a aquel fatal destino.
-Me llevas aún cuando me faltan cosas por hacer ¿Acaso nunca las debí de concluir y tan sólo tuve que pensar en poder hacerlo para tener un sentido por el cuál vivir?
-No soy yo el de las respuestas ni tú el de las preguntas, tan confuso es como este camino difuso igual que tu destino, ¿que ahora morirás? no lo sé.
Tras de esa ventana que está empapada con sudor, mientras distingue las pocas gotas de lluvia que le hacen recordar aquellos fríos de invierno que siempre fueron crueles. "Me siento enfrascado" y así era, pues necesariamente no había pasado tanto tiempo, pero lo años se hacían notar cada vez más y no había respuesta alguna de parte de ella. "Quizá y ya es feliz o tal vez no conoce mi felicidad" pero tan sólo eran palabras que le hacían amargar y sentir la impotencia de que ya es tarde y que no sería nada bueno intentar.
Mira a sus sombras agrandadas por las tres velas que acompañan a esa noche de apagón, coge la pluma y levanta uno de los tantos papeles que estaban en el suelo, empieza a escribir:
Silencio que me debes de acompañar una vez más, cuando es muy necesario tener que hablar con alguien para poder desahogarse me doy cuenta de que ella no esta más, que sus silencios y los buenos consejos ya no están. Voy olvidando poco a poco lo que para ella significaba dar una sonrisa y me pierdo entre mis amargas penas que siempre me cambian. Ya quisiera yo averiguar mi futuro pero siempre he pensando en eso desde que puedo recordar y voy cometiendo errores en la vida que quisiera cambiar, me doy cuenta de que es imposible pero tan sólo el pensarlo me dan esperanzas y me entorpece haciéndome cometer las mismas idioteces como encerrado en el círculo del cual quizá nunca podré escapar.
Y quisiera una oportunidad, de entre estas gotas que se filtran por las ventanas, quisiera yo filtrarme una vez más en su vida, o tal vez ser la lluvia tropical que la coge mientras todo parece estar bien y le haga notar de que eso nunca fue, que ahora vengo yo y podría ser mejor o seguramente empezar a ser bueno... Pero estos lentes que se alejan de mi vista, mientras mi mano dolorida ya se cansó de escribirte y nunca enviarte nada de esto porque sé que ya no es tan necesario para ti como lo es para mí, me dicen que el dolor es mucho más fuerte en los tiempos donde la tristeza aflora por el maldito ambiente... Ya no quiero verla, tampoco sentirla, ya no puedo quererla porque es feliz y aun así la quiero y ¿como se podría enterar? pues el muro entre nosotros ha superado al de la torre de Babel y ya no hay Dios que pueda destruirlo, aunque con mucha euforia quisiera que aparezca el todo poderoso y me diga que ella es mi camino o tal vez me muestre uno diferente, lo que más quisiera es dejar de sufrir.
Ni pensar que yo deseaba tanto ser el maldito golpe repentino en la puerta y ahora soy aquel ansioso de amor que espera tras de ella, ¿quien vendrá a rescatarme? La espera se ha hecho eterna, eso es lo único que puedo afirmar, pues no sé si llegará...
Despertaba confuso, “¿es un sueño? pero parece tan real. “
-¿Qué te pasa? Debes de responder o te jalará el muy maldito
-¿Cómo?...
Salí hacia el patio, todo estaba tan claro y tan confuso, quizá el camino fue difuso y aunque esto sea lo más irreal de mis sueños pues prefiero hacerlo placentero.
-¿Cómo estás?
-Bien
-¿Estás molesta conmigo?
-Algo
-Perdóname, te voy a escribir algo… Mañana te lo entrego.
-Pero ¿Lo que me dijiste el viernes?
-No lo sé, quizá y fue una estupidez, pero mañana resolveré algunas cosas, espero y me respondas. Te lo explico todo ahí – dije mientras me alejaba extendiéndole la mano.
-Está bien.
Pues la luz cegadora no me deja ver nada con claridad, y los abismos se presentan tal cual presa debe de caer y tocarse con el suelo. Enfrascado, pues mi palabra la contagia una especie de aurora maligna llena de rencor porque estas ciudades dentro de mi mente están llenas de pobreza. Y surge cobardía, que yo robo de sus labios un te quiero y luego tan solo robo de su mirada muchas lágrimas, pero el silencio es fiel, cuando debe de retroceder sobre esta pared que asemeja la sombra de mis tempestades, en aquel río lleno de sangre donde mi cuerpo inerte debe de esperar a una eternidad trágica pues no he llegado a concluir que fuimos dos y separados al destino de nuestros senderos, siendo el mío oscuridad ya que tú eras la vela de mis noches, inconcluso estoy.
Y estos cuadros pintados con dolor, aquella foto que se acerca a mis ideas, me estoy volviendo loco o seguro es el paso final, la última llegada, luego vendrá el descanso y este ocaso tan desesperante desde aquel día en que nos alejamos terminará de martirizarme y me dejará estar en paz mientras este viaje dure, ¿Vendrá algo más o esto acabará aquí? Pues ahora más que nunca me aferro, aunque me duela, a esas palabras tuyas: "Si algo termina es porque le da oportunidad a que otra cosa pueda empezar" Y yo cegado por tu amor imaginaba que me decías que debíamos de intentar todo hasta cuando no quede nada de nuestro amor, que podríamos volver a empezar de nuevo una y muchas veces más…
-¿Qué? ¿Empiezas a sentirte mal?
-El camino se entorpece, todo empieza a retroceder ¿Qué es?
-Sólo un consejo te daré, si cambias algo definitivo ya no podrás volver y tendrás que continuar desde el punto en el que te dejaré... Te pregunto ¿Es eso lo que realmente quieres?
-... No sé de qu...
-No me respondas ahora
Y el caballero abrió la puerta Roja, en el umbral estaba escrito "Soy la gota que derramara el vaso" y a lo lejos se escuchaba aquella famosa canción con la cual nosotros nos juramos amor eterno el día siguiente después de haberte declarado mi amor infinito: "Que jamás nos separen..."
-No sé que es esto, dímelo por favor que la angustia me mata
-Entiende tus razones y no tus dudas, así fue como te perdiste la primera vez, ahora tienes la oportunidad de decidir una vez más.
Y le duele tan sólo el pensar, el recordar, pues en esto vuelve a sentir y no es amor lo que le duele, es ella.
Los truenos dejan de resonar y las luces empiezan a dar pase a la oscuridad, las gotas allá afuera empiezan a desaparecer... y el ahí dentro empieza a morir porque ella fue su luz, ahora tiene oscuridad, ella dejo de emanar los ríos de amor y con el tiempo las pocas gotas que aún le quedaban empezaron a desaparecer, al igual que esa lluvia que acaba de terminar, su vida también debe de terminar. Llora y entre tantas lágrimas tan sólo deja que su último aliento le dé fuerzas para poder enviarle el escrito a la mujer de su vida.
Coge las hojas, las pone en un sobre, lo deja en el buzón. Aquella luz que viene debe de significar que al fin ha terminado de hacer su vida en este mundo y se pregunta mordiéndose los labios: ¿Ella que fue? ¿Quién debió ser? y ve que la lluvia vuelve a caer con más fuerza, regresa a su casa. Ahí dentro coge la cajetilla de cigarro y se sienta en su sillón, su gata se acerca y se recuesta entre sus piernas, el empieza a fumar... Su mente recuerda la serenidad de la noche… de ese pasado tan extraño donde las posibilidades de su unión parecían al fin otorgada... (pero no cree que pudiera ser así)
-Mientras regresaba a casa creé algunos versos
-Tienes un Don… Quiero decirte algo
-¿Qué es?
-Cuando llegue el momento, sea cuál sea la intención, quiero que te llenes de esa luz. Por favor quisiera que me prometas que lo cumplirás.
-Si, haré lo que me digas – Y dentro de él, se formaba aquel arrollo que luego se convertiría en un río. Deseaba tanto poder decirle que la amaba, que esperaba los días abrigados por esas llamas amarillentas encendidas por el amor de los dos, las noches locas donde le juraría una y mil veces que no la perdería nunca, que con ella se sentía el hombre mas afortunado del mundo, y luego abrazarla y mirarla de cerca, chocando sus narices y respirar de sus suspiros y guardarlos dentro de él, sentir ese fuego en sus ojos y robarle un beso, el más apasionado de todos, luego acariciar sus hermosos cabellos, juguetear con ellos y susurrarle al oído suavemente las dos palabras que serían el secreto recordado para nunca sentirse tristes…
Caminé hacia donde ella se encontraba.
-¿Cómo estás?- Deseaba tanto decirle que la odiaba con toda mi alma, pero dentro de mí también sentía amor eterno pues creo en las posibilidades aun cuando éstas se encuentren muertas. Y no soy de dañar.
-Acá escribiendo algo.
-¿Una carta?- Se presenciaron celos en sus palabras, quizá nunca me hubiese dado cuenta de ello, pero ahora sabía algunos de los sentimientos de las personas
-Algo parecido, bueno la verdad que sí es una carta.
-¿Para quién?
Me quedé pensando, podría decirle el nombre de la persona y desechar cualquier tipo de posibilidad futura con ella, lo cual no me importaba en lo más absoluto, sin embargo aún se habían quedado las amenazas de aquel sujeto en mi mente “Si cambias algo definitivo ya no podrás volver”.
-¿No tienes ni una mínima idea? Lo único que te diré es que no lo puedes leer hasta que lo haya terminado, si es que ahí lo quieres leer. –El entendimiento y la duda se apoderaron de ella.
-Aya, entonces te dejo- Y se marchó. A lo lejos me miraba constantemente, como esperando a que terminase de escribir, pero yo me demoré más de lo planeado.
Necesitaba pensar, aclarar y dar respuestas lógicas, hacerle sentir con palabras que la amo y que no quisiera perderla nunca.
Se acercó, charlamos un rato, su mirada y actos me hacían entender que quería leer lo que escribí pero no aceptaba dar el paso de querer pedirlo. Al final cuando me despedí, me sostuvo de la mano y me preguntó.
-¿Y terminaste la carta?
-Sí.
-¿Entonces puedo leerla?
-Hum. Claro... pero te apuras porque su dueña está por venir y quiero dársela a tiempo.
-¿Qué? ¿No era para mí? - Algo exaltada, como rechazada.
-Nunca te dije que era para ti... tú debes de saber para quién es. – Me alejé de ella, camine muy despacio hasta donde se encontraba la persona más hermosa del mundo, luego… La sombra espectral se hizo presente.
-¿Quién eres tú?
-Te felicito, vas a buscar la felicidad. Me da gusto por ti muchacho, pero me da pena por los demás.
-¿Qué? ¿Quienes?
-Piensa bien en lo que haces, el bien no siempre es el camino más fácil y tampoco el más difícil, tan sólo digo que las ventajas son muy impropias… ¡Sí!, lo deseaste desde hace tiempo, pero aquella mañana soleada tuviste tu oportunidad, tiempo después, aquella tarde, cuando se cogían de la mano también la tuviste. No creo que ella se merezca no luchar verdaderamente por su amor, haces trampa y lo sabes.
-… Sí, pero, ¿acaso me aseguras que después podré volver a tenerla?, ¿acaso usted nunca quiso enmendar algún error? Ya luego no habrán oportunidades, lo sabemos muy bien, tan sólo es la necesidad de ya no querer sufrir más, empezar de nuevo. – Las lágrimas empezaron a salir – No me va a venir a decir que vine hasta aquí tan sólo para verme cometer el mismo error por segunda vez, si estoy aquí es porque se me ha dado una oportunidad y seguro la merezco.
-Estás viendo tan sólo la envoltura de un buen regalo, pero aun no has abierto la caja. Quizá y este hecho tenga alguna definición más real… - Se disipó en el ambiente que se había quedado congelado mientras nuestra charla duró.
Una vez más me sentía perdido…
Me acerqué muy despacio, luego le di la carta, mis manos temblaban, siempre que estoy con ella me pasan cosas agradables, el temblar era muestra de que me alborotaba por completo. Mientras leía con sus ojos abiertos al máximo, con sus labios palabreando algunas frases, y sus manos nerviosas, yo me enmudecía y me preparaba para poder hacer el siguiente acto.
-Oye. - Ella alzó la mirada cuando acabó de leer.- Te amo, perdóname por haberte dicho eso aquella noche, espero y hayas entendido las razones en lo que te escribí.
-Si… Nunca pensé que me confesarías tal crimen, me has dejado sorprendida.
-Ahora seguro y dudaras de mi amor.
-No sé, ¿tú la amas?
-Ella me agrada y siento mucho cariño, pero no es amor. Amor es lo que siento por ti, quisiera que nos conozcamos más, hacer de este amor el más fuerte sentimiento. Te amo y deseo que mis palabras no te confundan, desde hoy quisiera empezar a confiarte todo.
-Sí, perdóname tú también, yo te he descuidado y no nos hemos dados nuestro tiempo.
-Te amo.
-…
-Ahí hay una pregunta… ¿la quieres escuchar o no?
-Sí.
Empecé a cantarle aquella canción que le había dedicado con mucho amor, de esos escondidos, tiempo después, cuando nuestros caminos ya se habían alejado demasiado. “Por ti yo sería capaz de darte la vida”
La vi, nos saludamos y luego se retiró diciendo que no tardaba en volver.
-¡Escribe aquí que la amas! – La miré muy confundido. – Pon en esta hoja cuánto la amas, ella te quiere muchísimo. – Dijo su amiga.
Mi boca se secó, era muy triste y deprimente ver la misma escena una vez más y no poder hacer algo para cambiar todo eso. Aquella vez cuando fue la primera vez, tan sólo le respondí: “Es que no puedo, estoy confundido”. Y ahora cuando ya nada de esa confusión quedaba, no podía responder algo diferente, pues entendí que amarla era dejarla libre y alejada de mí. Seguro y me dio miedo de no ganarme el amor de manera digna, aunque entendía que era la ultima oportunidad, ya mis actitudes y desvirtudes estaban marcadas y no podía hacer nada, pues la amaba.
-Es que...- Con la voz muy débil. -No puedo – Repetí la frase de la primera vez, ella se exaltó y puso toda su atención en mí... Esta vez había necesidad de decir algo más, aclarar mis razones por lo menos. – Estoy confundido. – Pero el dolor tan sólo pudo hacerme manifestar las mismas palabras. Mi princesa regresó de donde la perdí de vista, me miró y por alguna extraña razón comprendió cual había sido mi decisión.
-¿Qué me cuentas? – Con esa voz tan suave y amorosa.
-Muy poco- Respondí
El silencio se nos hizo presente por un largo rato.
-Ya me voy.
-Está bien. – Me dijo mientras me veía marchar. Nunca más regresé. Mientras me alejaba, arrugué la carta que se supone debía entregarle y no lo hice.
Aquel caballero me esperaba en la puerta…
-En realidad eres la gota que derramó el vaso
-Tienes toda la razón… Esa música ¿Por qué debe de sonar esa música?
-Es la esencia de tu vida, con ello descubriste que ella era tu otra mitad.
-Valla dilema, mi otra mitad y nunca la tendré…
”Quiero mirarte por siempre mi gran amor…”
Empezó a llorar como un niño, la nostalgia de su pasado, los errores en conjunto eran demasiado. Volvió a coger la pluma y entre esa oscuridad escribió algunas últimas frases.
Ya no llueve dentro de mí, pero estos sentimientos se guardaron con la más valiosa intención de devolvértelos con abrazos y cariños.
La vida me ha cambiado, tus amores me han trastornado demasiado. Recuerdo las veces en las que algún amigo comentaba sobre ti y yo me sentía morir tan despacio y me dolía no poder reaccionar porque simplemente acordamos que esto sería un secreto. “Te entregaste por amor” decía, “pero la verdad no sé”... “Se casa mañana” y un intento frustrado a Rafael de León: “Que te has casado, buena suerte” consiguiendo alejarme con cualquier excusa y llegar hasta ese parque donde cogí tu mano y te dije que te amaba, y soltarme en el río de lágrimas que tu ausencia han causado.
Hoy cuando todas las puertas se cierran, cuando tú mueres por primera vez dentro de mí, te quiero confesar que fui feliz dentro de este sufrimiento inagotable, fui feliz por amarte.
Ella recibió una carta. La leyó muy detenidamente, su mirada perdida entre algunas palabras, sus manos temblaban, sus labios volvían a palabrear en forma de susurro personal las frases del escrito, luego tan sólo se sentó en su recámara y se quedó pensando con un sentimiento nunca antes percibido, amor del pasado, de esas ganas de querer volver y cambiarlo.