Tornados en el cristal
Aquellos pasos raspando el piso como si la carga que tuvieses fuere el remordimiento de entender que ahora ya no soy parte de ti, de que perdiste sin razón, tan solo por querer explorar el mundo y luego te diste cuenta de que tu mundo lo había creado dentro de mí y ahora el paraíso aquel utopía asemeja, pues no hay rastros y la espada de fuego cierra nuestro único camino... ¿la espada o el orgullo? o quizás simplemente el amor que ya dejo de salir tan natural en mi, pues me perdiste y con ello todas las promesas de amor se remarcaron como simples promesas o tal vez como promesas de amor pero hacia otras personas.
Pero seguro sea la última noche de esencia de amor, y las ultimas aleteadas que de el corazón serán la señal de que por fin se aventó confiado y termino siendo engañado porque alas nunca tuvo ni las tendrá contigo. Entre los sonidos de tus labios aquellas noches frías, cuando nos encontrábamos a ocultas detrás de esa avenida, bajo la luna y las estrellas ocultadas por las nubes, bajo esa capa inquebrantable de amor que pudimos crear en nuestro ambiente, te juro yo te amaba, te juro no mentí, pues ahora me recalcas con ese dedo acusador que algunas veces acariciaban mis labios en señal de coqueteo y que siempre terminaban con esos besos infinitos.
Que yo soy culpable, pero te digo que nunca lo fui, pero ahora lo soy. Te deje de amar, o tal vez nunca te amé, pero ya no sé. Me cansé de tanto esperar y entre los suspiros al vació, nunca hubo nadie más que ella y tú, desprendida a una faena llena de desilusión. Llega la dama de los ojos de miel, la princesa que vestida a tus ojos como bruja malvada te quitó de mis pensamientos y me perdió en esta alameda despoblada, pues ya no vivo a sus espaldas, vivo a su sombra.
Va a dejar de ser útil esta vez y se romperá el cristal y aun tan tarde como es, tan de mañana que te vas... ¿A dónde vas? ¿Acaso ya no importa tu amor o tan sólo al igual que yo ya no me amas? Y a los lejos desde mi ventana, te ves tan alegre y tan callada, yo tratando de tragar ese humo que te hace desaparecer de mi vista, pensando en la tristeza, pues ya sé que no soy dueño de tus pensamientos y, como desatando el nudo de la garganta, dejas pasar una simple visión de malos momentos, pues ya notas que la aparición se ha dado y la princesa se ha mostrado ante ti como mi vida, y te lleno de la soledad una vez más. Y dime, con estas lágrimas que escribo ¿A dónde vas? ¿Aquel tren a dónde partirá?, pues ya entendí que no cogí boleto para el viaje completo y me quedo esa banqueta que algunas veces solíamos compartir, pero ahora no, ahora estoy sin ti.
El cristal ya no servirá, la confianza rota esta, fallaste tú, fallamos los dos, pues yo sé bien que cometí el error.
-Te amo y no me importa quien lo sepa
-Deja de decir eso, yo ya no lo hago - luego callaste y te fuiste.
Y mis palabras te hicieron entender
que para aprender primero debes de perder,
que para sonreír primero debes de sufrir.
Y aunque ya no este allí, perdona no lo quise así,
que me hagas entender con tan drástica decisión:
"Que si sufres sin ser amada
que si ya no quedan nuestras promesas
tan sólo la muerte espera, tan sólo eso queda"
Y del cielo se abrieron dos soles nuevos, de esta noche tan callada las dos estrellas desaparecieron, pues ya nada alumbra mi camino, tan bella te vez cuando no me haces caso, tan idiota me veo en este cuarto, ¿Donde las oportunidades? Pues la muerte fue testigo de que ya no las tendremos juntos. Estar una sola vez para nunca más volverlo a estar.
Pero seguro sea la última noche de esencia de amor, y las ultimas aleteadas que de el corazón serán la señal de que por fin se aventó confiado y termino siendo engañado porque alas nunca tuvo ni las tendrá contigo. Entre los sonidos de tus labios aquellas noches frías, cuando nos encontrábamos a ocultas detrás de esa avenida, bajo la luna y las estrellas ocultadas por las nubes, bajo esa capa inquebrantable de amor que pudimos crear en nuestro ambiente, te juro yo te amaba, te juro no mentí, pues ahora me recalcas con ese dedo acusador que algunas veces acariciaban mis labios en señal de coqueteo y que siempre terminaban con esos besos infinitos.
Que yo soy culpable, pero te digo que nunca lo fui, pero ahora lo soy. Te deje de amar, o tal vez nunca te amé, pero ya no sé. Me cansé de tanto esperar y entre los suspiros al vació, nunca hubo nadie más que ella y tú, desprendida a una faena llena de desilusión. Llega la dama de los ojos de miel, la princesa que vestida a tus ojos como bruja malvada te quitó de mis pensamientos y me perdió en esta alameda despoblada, pues ya no vivo a sus espaldas, vivo a su sombra.
Va a dejar de ser útil esta vez y se romperá el cristal y aun tan tarde como es, tan de mañana que te vas... ¿A dónde vas? ¿Acaso ya no importa tu amor o tan sólo al igual que yo ya no me amas? Y a los lejos desde mi ventana, te ves tan alegre y tan callada, yo tratando de tragar ese humo que te hace desaparecer de mi vista, pensando en la tristeza, pues ya sé que no soy dueño de tus pensamientos y, como desatando el nudo de la garganta, dejas pasar una simple visión de malos momentos, pues ya notas que la aparición se ha dado y la princesa se ha mostrado ante ti como mi vida, y te lleno de la soledad una vez más. Y dime, con estas lágrimas que escribo ¿A dónde vas? ¿Aquel tren a dónde partirá?, pues ya entendí que no cogí boleto para el viaje completo y me quedo esa banqueta que algunas veces solíamos compartir, pero ahora no, ahora estoy sin ti.
El cristal ya no servirá, la confianza rota esta, fallaste tú, fallamos los dos, pues yo sé bien que cometí el error.
-Te amo y no me importa quien lo sepa
-Deja de decir eso, yo ya no lo hago - luego callaste y te fuiste.
Y mis palabras te hicieron entender
que para aprender primero debes de perder,
que para sonreír primero debes de sufrir.
Y aunque ya no este allí, perdona no lo quise así,
que me hagas entender con tan drástica decisión:
"Que si sufres sin ser amada
que si ya no quedan nuestras promesas
tan sólo la muerte espera, tan sólo eso queda"
Y del cielo se abrieron dos soles nuevos, de esta noche tan callada las dos estrellas desaparecieron, pues ya nada alumbra mi camino, tan bella te vez cuando no me haces caso, tan idiota me veo en este cuarto, ¿Donde las oportunidades? Pues la muerte fue testigo de que ya no las tendremos juntos. Estar una sola vez para nunca más volverlo a estar.