Él mataba al amor
Linda:
Hoy se acaba de marchitar aquella rosa espinosa que rechazaste, las disculpas que nunca recibiste en el suelo se ahogan con el llanto de una tarde siniestra y llena de malas intenciones, de palabras memorables y recuerdos ingratos, de tus silencios largos y mis pocas excusas, de las miradas con ira y los golpes a la cara, de la sensación de no pertenecerte y aún así ver que soy más parte de ti que nunca, de quedarme sólo con una lluvia copiosa anhelando decirte que te amo, de ya no aguantar más y sentirme derrotado, esperando que quizá puedas apiadarte de mí, pero ya la estrella fugaz hizo un recorrido y no hay más tiempo para una palabra y tan sólo queda resignasce a verte desaparecer entre esa nube negra de mis malas ideas. Es un mal día pues ya no quedan más recuerdos tuyos a los que pueda aferrarme para no dejar de sentirte parte de esta habitación, parte de esta vida, y suelo despertar de noche creyendo que esto es una pesadilla o una mala jugada de mis pensamientos, pero me siento morir cada vez que vuelvo a la realidad, fuiste tan especial que ya no estás y creo que no sobreviviré, que ya no podré seguir con este remordimiento y esta nostalgia que tu ausencia suele crear en mí, perdiéndome en la vaga noción de que no soy yo y que aún se puede salvar.
Hoy la noche caerá tranquila y mis manos no acariciarán ninguna otra más, mis labios gritarán tu nombre dentro de mí y podré escribirte una canción que, como siempre, de seguro olvidaré algunos minutos después. Echaré al viento tu último recuerdo y este me devolverá un beso frío en los labios, como los que solías dar. Esta última carta que por razones absurdas había guardado tanto tiempo te la envío pues ya no sé si deba tenerla o si no debas leerla, pero ya con el tiempo se va desgastanto tu esencia y yo no puedo evitar borrarte de mí. No dejaste tanto como para ser eterna...
Perdona si es muy tarde, pero siempre pensé que no tenía ningún sentido enviártela si estabas muerta, pero hoy lo hago porque ya no quedas más dentro de mí y eso me da miedo.
PD: Recuerdame si llego a visitarte.
13 de Octubre del 2006, Cuando las miradas matan.
Hoy se acaba de marchitar aquella rosa espinosa que rechazaste, las disculpas que nunca recibiste en el suelo se ahogan con el llanto de una tarde siniestra y llena de malas intenciones, de palabras memorables y recuerdos ingratos, de tus silencios largos y mis pocas excusas, de las miradas con ira y los golpes a la cara, de la sensación de no pertenecerte y aún así ver que soy más parte de ti que nunca, de quedarme sólo con una lluvia copiosa anhelando decirte que te amo, de ya no aguantar más y sentirme derrotado, esperando que quizá puedas apiadarte de mí, pero ya la estrella fugaz hizo un recorrido y no hay más tiempo para una palabra y tan sólo queda resignasce a verte desaparecer entre esa nube negra de mis malas ideas. Es un mal día pues ya no quedan más recuerdos tuyos a los que pueda aferrarme para no dejar de sentirte parte de esta habitación, parte de esta vida, y suelo despertar de noche creyendo que esto es una pesadilla o una mala jugada de mis pensamientos, pero me siento morir cada vez que vuelvo a la realidad, fuiste tan especial que ya no estás y creo que no sobreviviré, que ya no podré seguir con este remordimiento y esta nostalgia que tu ausencia suele crear en mí, perdiéndome en la vaga noción de que no soy yo y que aún se puede salvar.
Hoy la noche caerá tranquila y mis manos no acariciarán ninguna otra más, mis labios gritarán tu nombre dentro de mí y podré escribirte una canción que, como siempre, de seguro olvidaré algunos minutos después. Echaré al viento tu último recuerdo y este me devolverá un beso frío en los labios, como los que solías dar. Esta última carta que por razones absurdas había guardado tanto tiempo te la envío pues ya no sé si deba tenerla o si no debas leerla, pero ya con el tiempo se va desgastanto tu esencia y yo no puedo evitar borrarte de mí. No dejaste tanto como para ser eterna...
Perdona si es muy tarde, pero siempre pensé que no tenía ningún sentido enviártela si estabas muerta, pero hoy lo hago porque ya no quedas más dentro de mí y eso me da miedo.
PD: Recuerdame si llego a visitarte.
13 de Octubre del 2006, Cuando las miradas matan.