Quetzal, tú - Tus ojos de ayer
Ayer te vi, revestida de aquella belleza que tiempos atrás me solían apresar, volvieron las pasiones a mí y como haciéndote más inexplicable te amé desde cada instante del que te puedo recordar.
Tus ojos de miel ignoraron mis sentimientos y me vieron tan sólo para verte marchar y perderte entre esa multitud a la cual suelo aventarle un suspiro cada tarde mientras te espero. Pero hoy hay luna llena y por alguna extraña razón (y vaya que siempre son extrañas las razones) le creo a la chica del 50%, de aquella noche de agosto donde todas las ganas se perdían en la intención de sus escritos, acompañados por una música que me sacaba de los labios la pregunta que me hago cada vez que se termina "¿cómo olvidar?" Y confío en que esta vez puede ser mejor, oportunidades que pasan y el tiempo que no se detiene.
Roxana, la que con mirarme altera mi mundo y todo lo puedo, la que delata amor en mí con su sonrisa y unas cuantas sonrojadas si descubro que me ha sorprendido observándola.
Roxana, la que me mira para no dejar de verla, la que no me habla de amor y me enamora, la que se queda sola para entender que yo no sigo.
Subía por las escaleras impaciente, con la cabeza agachada y los nervios hechos trizas, apoyado en las cartas y en algunas palabras de ánimo que intentaban matar sin exito mis miedos...
Siempre llenas mi mundo de amores, de poesía dispuesta a conquistarte, de sueños que se inspiran por tus ojos y se mueren en la cobardía de no poder decirte que te amo y que eres todo lo que quiero en esta vida. Rompo todo a mi paso y me enervo de tan sólo recordarlo y no haberlo oido de tu boca, es que acaso soy simplemente yo quien puede pensar todo esto y luego asimilar que tú nunca serás parte de mí pues ya he entendido que te irás llevándote contigo la felicidad de toda mi vida, siempre con estos deseos dentro de mí, apartados a lo que pudimos ser, a lo que somos.
Entiendo que algunas cosas suelen pasar por deseo propio, que tú buscas un camino diferente porque en sí te cansaste de lo mismo, de esto que supones no va a más y que con caricias y besos de despedida me engañas y amortiguas la caida que supongo será eterna. Eres ave disipada en mil recuerdos de amor, de flores regaladas y de muchos momentos malos, más que nada eres tinta en mis hojas y eres dueña en mis poemas, absoluta en mis pensamientos, caprichosa si te vas. Eres todo lo que he visto en ti y lo que me falta descubrir.
Hoy, mientras la noche cae y tú sales por esa puerta, -No me importa- trato de calmarme - Ya no me interesas- y empiezo a morderme los labios para retener el llanto, aviento aquel regalo tuyo contra el suelo y algún jarrón lleno de flores, -¿Qué pasó?- pregunta mi madre desde la cocina; tan sólo soy yo y mis absurdas ideas, eso de pensar que aún me amas y que temes aceptarlo, igual yo sigo aquí parado entre este neblina de rencor y de mis ganas de llorar porque ya te fuiste y no sé qué hacer para detenerte, para comprender que te he perdido, -Nada mamá, Roxana acaba de marcharse y rompió tu florero- , rompió mi corazón. -¿Ahora qué le hiciste?-, empecé a llover y ella comprendió.
Te vi, mis deseos eran todos diversos, mis labios indecisos empezaron a hablarte, mis manos a jugar entre ellas y a acompañar de forma inútil a mis palabras, mi mirada se concentró en un principio en tus ojos, pero cuando empezaste a hablar se perdieron en tus labios, luego cogí tus manos y con voz temblorosa te pregunté .¿Quieres un regalo inesperado?. y luego te besé.
Ayer te vi, y me encontré de nuevo con la manos juguetonas, los pasos poco firmes y la voz temblorosa. Aunque no te voy a negar que me dieron ganas de hablarte y besarte, de inspirarme sobre el mundo y las palabras en esos tus ojos tan hermosos como el de ninguna mujer de esta faz, no lo hice, te miré y no te tomé importancia, creé algunos versos y no te los conté al oido como solía hacerlo hace mucho, tan sólo te observé como quién te anduvo buscando y aun así no le interesas, luego de reconocerte como quién te vio y no lo hizo me marché y no hice comentario alguno sobre si eras tú y que estabas muy hermosa.
Tus ojos de miel ignoraron mis sentimientos y me vieron tan sólo para verte marchar y perderte entre esa multitud a la cual suelo aventarle un suspiro cada tarde mientras te espero. Pero hoy hay luna llena y por alguna extraña razón (y vaya que siempre son extrañas las razones) le creo a la chica del 50%, de aquella noche de agosto donde todas las ganas se perdían en la intención de sus escritos, acompañados por una música que me sacaba de los labios la pregunta que me hago cada vez que se termina "¿cómo olvidar?" Y confío en que esta vez puede ser mejor, oportunidades que pasan y el tiempo que no se detiene.
Roxana, la que con mirarme altera mi mundo y todo lo puedo, la que delata amor en mí con su sonrisa y unas cuantas sonrojadas si descubro que me ha sorprendido observándola.
Roxana, la que me mira para no dejar de verla, la que no me habla de amor y me enamora, la que se queda sola para entender que yo no sigo.
Subía por las escaleras impaciente, con la cabeza agachada y los nervios hechos trizas, apoyado en las cartas y en algunas palabras de ánimo que intentaban matar sin exito mis miedos...
Siempre llenas mi mundo de amores, de poesía dispuesta a conquistarte, de sueños que se inspiran por tus ojos y se mueren en la cobardía de no poder decirte que te amo y que eres todo lo que quiero en esta vida. Rompo todo a mi paso y me enervo de tan sólo recordarlo y no haberlo oido de tu boca, es que acaso soy simplemente yo quien puede pensar todo esto y luego asimilar que tú nunca serás parte de mí pues ya he entendido que te irás llevándote contigo la felicidad de toda mi vida, siempre con estos deseos dentro de mí, apartados a lo que pudimos ser, a lo que somos.
Entiendo que algunas cosas suelen pasar por deseo propio, que tú buscas un camino diferente porque en sí te cansaste de lo mismo, de esto que supones no va a más y que con caricias y besos de despedida me engañas y amortiguas la caida que supongo será eterna. Eres ave disipada en mil recuerdos de amor, de flores regaladas y de muchos momentos malos, más que nada eres tinta en mis hojas y eres dueña en mis poemas, absoluta en mis pensamientos, caprichosa si te vas. Eres todo lo que he visto en ti y lo que me falta descubrir.
Hoy, mientras la noche cae y tú sales por esa puerta, -No me importa- trato de calmarme - Ya no me interesas- y empiezo a morderme los labios para retener el llanto, aviento aquel regalo tuyo contra el suelo y algún jarrón lleno de flores, -¿Qué pasó?- pregunta mi madre desde la cocina; tan sólo soy yo y mis absurdas ideas, eso de pensar que aún me amas y que temes aceptarlo, igual yo sigo aquí parado entre este neblina de rencor y de mis ganas de llorar porque ya te fuiste y no sé qué hacer para detenerte, para comprender que te he perdido, -Nada mamá, Roxana acaba de marcharse y rompió tu florero- , rompió mi corazón. -¿Ahora qué le hiciste?-, empecé a llover y ella comprendió.
Te vi, mis deseos eran todos diversos, mis labios indecisos empezaron a hablarte, mis manos a jugar entre ellas y a acompañar de forma inútil a mis palabras, mi mirada se concentró en un principio en tus ojos, pero cuando empezaste a hablar se perdieron en tus labios, luego cogí tus manos y con voz temblorosa te pregunté .¿Quieres un regalo inesperado?. y luego te besé.
Ayer te vi, y me encontré de nuevo con la manos juguetonas, los pasos poco firmes y la voz temblorosa. Aunque no te voy a negar que me dieron ganas de hablarte y besarte, de inspirarme sobre el mundo y las palabras en esos tus ojos tan hermosos como el de ninguna mujer de esta faz, no lo hice, te miré y no te tomé importancia, creé algunos versos y no te los conté al oido como solía hacerlo hace mucho, tan sólo te observé como quién te anduvo buscando y aun así no le interesas, luego de reconocerte como quién te vio y no lo hizo me marché y no hice comentario alguno sobre si eras tú y que estabas muy hermosa.